miércoles, 29 de septiembre de 2010

La Diputación organiza rutas para visitar los árboles legendarios de la provincia

GRANADA
La Diputación organiza rutas para visitar los árboles legendarios de la provincia
Relata en su web curiosidades y leyendas que van desde el laurel de Isabel la Católica al ciprés del Generalife
26.08.08 -
IDEAL

La Diputación organiza rutas para visitar los árboles legendarios de la provincia
Ciprés que puede verse en los paseos del Generalife. /RAMÓN L. PÉREZ
Los laureles tras los que se ocultó Isabel la Católica con sus hijos de un ataque de los moros en 1491 o el ciprés del Generalife al que la leyenda atribuye el papel de testigo de la venganza de Boabdil son dos de los árboles que permanecen enraizados en la memoria de Granada.

La curiosidad de la Reina de Castilla por ver de cerca la ciudad que todavía no había conquistado desató, el 18 de junio de 1491, una batalla entre el ejército del marqués de Cádiz -que acompañaba a la monarca por La Zubia- y el del enemigo musulmán, que salió al paso de la comitiva y estuvo a punto de atrapar a la familia real de no ser por los arbolillos tras los que se escondieron, que desde entonces se conocen como 'Los laureles de la reina'.

La anécdota la recoge la Diputación de Granada en el marco de una de las rutas turísticas propuestas en su página web y en la que invita a los curiosos a visitar algunos de los árboles legendarios de la provincia.

Es el caso del Ginko Biloba del jardín botánico, definido por los botánicos José Tito y Manuel Casares como «un fósil viviente» -sus parientes más lejanos proliferaron en el paleozoico-, que inspiró los versos de la poetisa granadina Elena Martín Vivaldi: «Un árbol. Bien. Amarillo / de otoño. Y esplendoroso / se abre al cielo, codicioso / de más luz. Grita su brillo / hacia el jardín. Y sencillo, / libre, su color derrama / frente al azul».

'Árboles de las pagodas'

Este árbol caducifolio fue plantado en el jardín botánico granadino en 1889 y a su especie se le conoce en Europa como 'árboles de las pagodas', por encontrarse habitualmente cerca de los templos de Japón, donde se les considera sagrados.

La historia granadina concede también un papel destacado a dos cipreses que, aunque fueron menguados por un rayo en diferentes épocas, aún permanecen en pie.

A uno de ellos se le ha considerado históricamente un cedro, aunque en realidad se trata de una rara variedad de ciprés ('Cupressus lusitanica') originario de México y que fue traído a España en el siglo XVI.

Se trata del cedro de San Juan de la Cruz, situado en el Carmen de los Mártires, junto a la Alhambra, cuya plantación se le atribuye al cofundador de la orden de Carmelita durante su estancia en Granada. Esta orden pudo elegirlo por su altura como simbólico vehículo que facilita la unión mística, apunta la web de la Diputación.

El segundo ciprés legendario es aquél que fue testigo del amor clandestino que la reina Morayma, esposa de Boabdil, mantuvo con uno caballero de la tribu de los Abencerrajes en un patio del Generalife.

Los encuentros de ambos amantes a la sombra del árbol, que aparece en un grabado de 1500 bastante crecido, provocó la ira del monarca musulmán, quien como represalia ordenó degollar a varios miembros de la noble tribu en la sala de la Alhambra que, desde entonces se conoce como 'Sala de los Abencerrajes'.

Por otra parte, Granada alberga uno de los escasos bosquetes de secuoyas de Europa, en la Sierra de la Sagra, cuyos habitantes designan a la arboleda como 'Las mariantonias'.

La arboleda cuenta con varios ejemplares de secuoya, de los tipos 'Sequoiadendron giganteum' y 'Sequoia sempervirens', de los cuales los trece mejor conservados se encuentran dentro de una finca vallada, propiedad del barón de Bellpuig.

Llevan plantadas en la finca de La Losa alrededor de 165 años -estos árboles pueden llegar a vivir diez siglos-, alcanzan una altura aproximada de 50 metros y el perímetros de su tronco mide 7,1 metros.

jueves, 23 de septiembre de 2010

El porqué de que hoy llegue el otoño La estación acabará el 22 de diciembre con la llegada del invierno EP / MADRID Día 23/09/2010 - 08.16h

http://www.abc.es/20100923/sociedad/otono-peculiaridades-201009230652.html

El otoño ha llegado este jueves, 23 de septiembre, a las 5. 09 horas (hora peninsular) y durará 89 días y 20 horas. La estación acabará el 22 de diciembre con la llegada del invierno, según el Instituto Geográfico Nacional. Así, el otoño comenzará a la vez en el hemisferio norte, al tiempo en que comienza la primavera en el hemisferio sur.

El inicio astronómico de las estaciones viene dado, por convenio, como el instante en que la Tierra pasa por una determinada posición de su órbita alrededor del Sol. Esta posición, en el caso del otoño, es desde la que el centro del Sol visto desde la Tierra cruza el ecuador celeste en su movimiento aparente hacia el sur. El día en que esto sucede, la duración del día y la noche prácticamente coinciden, y por eso, a esta circunstancia se la llama también equinoccio de otoño. En este instante en el hemisferio sur se inicia la primavera.

El equinoccio de otoño puede darse en cuatro fechas distintas, que van del 21 al 24 de septiembre. A lo largo del siglo XXI el otoño se iniciará en los días 22 y 23 de septiembre (fecha oficial española), siendo su inicio más tempranero el del año 2096 y el inicio más tardío el de 2003.

El motivo por el que la fecha varía de un año a otro se deben al modo de la secuencia de los años según el calendario, ya que unos años son bisiestos y otros no, con la duración de cada órbita de la Tierra alrededor del Sol (duración conocida como año trópico).

Balada de otoño (Joan Manuel Serrat)

Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados,
sobre los campos, llueve.

Pintaron de gris el cielo
y el suelo
se fue abrigando con hojas,
se fue vistiendo de otoño.
La tarde que se adormece
parece
un niño que el viento mece
con su balada en otoño.

Una balada en otoño,
un canto triste de melancolía,
que nace al morir el día.
Una balada en otoño,
a veces como un murmullo,
y a veces como un lamento
y a veces viento.

Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados
sobre los campos, llueve.

Te podría contar
que esta quemándose mi último leño en el hogar,
que soy muy pobre hoy,
que por una sonrisa doy
todo lo que soy,
porque estoy solo
y tengo miedo.

Si tú fueras capaz
de ver los ojos tristes de una lámpara y hablar
con esa porcelana que descubrí ayer
y que por un momento se ha vuelto mujer.

Entonces, olvidando
mi mañana y tu pasado
volverías a mi lado.

Se va la tarde y me deja
la queja
que mañana será vieja
de una balada en otoño.

Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados...